domingo, 12 de septiembre de 2010

DE MUSAS, ARTE Y NIÑOS


De largo se vistió el colectivo de teatro infantil Había una vez, del Gimnasio Claudio Monteverdi con el estreno de la obra Las musas del arte. Obra dirigida por el cubano Maikel Betancourt y que fuera galardonada con el 1er lugar y premio de actuación colectivo en la categoría para niños, durante el V Festival de teatro Intercolegiado de Sopó. La historia se desarrolla en lo profundo de un bosque, y narra la discusión entre Pintura, Música, Teatro, Literatura y Danza que arrogantes, cada una por separado quiere ser la más importante, Apolo por su parte, no sabe qué hacer para tranquilizarlas y que entren en razón. Por lo que tiene que acudir a uno de los más importantes personajes de la literatura universal “El principito” para que decida cuál de las cinco es la mejor.
En esta obra teatral se recrea las  divinidades tutelares de las artes y las ciencias, que inspiraban a filósofos y poetas. Diosas que  se presentan como cantantes en las fiestas de los dioses, y forman parte del séquito de Apolo. Los mitos y leyendas de la antigüedad dejan en claro que ellas bajan a la tierra y buscan a los hombres cuya inspiración han de alimentar. Estos hombres privilegiados oyen entonces sus voces y las toman como ideas y pensamientos propios, de los que ellos mismos son a veces los primeros en sorprenderse.
Sorprendente es también en esta obra para niños, que alinea y legitima y con un lenguaje que llega a todos los tipos de público deja muy en claro, (sin subtextos incluidos) que la inercia y la mediocridad nunca serán visas posibles a la trascendencia. Y que ya es momento de navegar en la ilustración de un perfil auténticamente nuestro, reconocible en profundidad y apariencia, singular y al mismo tiempo dialéctico e inabarcable.
En 2007 surgió la idea original para una obra de teatro que resaltara la belleza y la importancia de la musas. Pero este proyecto devino en un interesante documental para la UNESCO Identidad invisible .Realizado por un grupo de periodistas cubanos y el propio Betancourt. En aquel entonces el éxito no fue en las tablas sino en el audiovisual, y ya era momento que el tema se llevara a las tablas.
 Esas inspiraciones que sin saber a qué hora, cuándo o cómo llegan al alma de los artistas, y hacen que ellos mismos se desborden en creación total, Atendiendo a que denominamos  arte, a la actividad o producto en los que el ser humano expresa ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos; como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos. En términos generales es una percepción muy cerrada para algo que implica demasiado. Cualquiera puede crear arte, pero no cualquiera puede crear una gran obra de arte. El verdadero arte encierra lo que el artista quiere expresar, qué utilizar en sus creaciones como lenguaje y cómo utilizar ese lenguaje desde la pasión, y la confianza, hasta la seguridad con la que se entrega. Recuerden que la belleza está en el ojo del observador. El arte está en la esencia de todo ser humano, unos para crearlo y otros para admirarlo.
Esas discípulas de Apolo ahora son las protagonistas bien recibidas por grandes y chicos, bajo la piel de niños de entre cinco y siete años, del Gimnasio Claudio Monteverdi, para asumir los roles de cada una de ellas. Hace ya algunos años el Monteverdi viene realizando una interesante labor con énfasis en las artes. Y el  teatro se ha convertido en una gran herramienta de aportes invalorables. De una forma inmediata y amena, conecta al niño con el mundo de la creación y le abre las puertas de la sensibilidad estética, de la reflexión, de la capacidad de emocionarse, reírse y llorar, de comprender diferentes visiones y realidades de la vida y del mundo. El concepto de teatro infantil comprende al menos tres clases de obras: los textos escritos por niños y adolescentes; escritos para ellos, como una clase de lector modelo o los que la tradición literaria ha considerado adecuados para ellos. Y en este empeño la labor no parece quedar en el intento ya que hay que estar entre esas personitas que pasan la mayor parte de su vida en ese plantel aprendiendo y matizando de colores sus sueños, en hora buena.
Casi 35 minutos donde no da tiempo pestañar, no solo por el eje dramático de la propuesta escénica,  sino también por el señorío con que se mueven hacia un lado y a otro sus intérpretes. La naturalidad de las acciones y la limpieza del resultado final delatan que existe un trabajo de tiempo y dedicación. Más se necesita una sensibilidad especial para llevar la doble función de creador y formador en un grupo de edades tempranas. Es un trabajo muy especializado en el que no son posibles las improvisaciones. Canciones, rondas y textos ricos en contenido, a la par  de escenografía, vestuario, luces y maquillaje destacan la armonía del ambiente. Quizás ese fue uno de los móviles para que más de una persona se quedara con los deseos de una segunda puesta en escena, pero cada cosa en el momento justo, porque se augura el inicio de una sugestiva carrera para sus creadores e integrantes.
“Las palabras han levantado ciudades y hombres, defienden las grandes causas. Las palabras han cantado al amor y la belleza” así de hermoso define Danna Osorio a su personaje de Literatura con esa ternura, que quizás ni la misma Calíope (musa de la poesía épica) pudo decir jamás, quizás porque le faltaba ese halito de ternura infantil. María Paz Giraldo y  Valeria Nemoga son las caras de Teatro perenne con sus conflictos y esperanzas. Hanna Sánchez y Samantha Rojas  son las hermanas Danza y Música que atrapan atención de público en la discusión clímax y secundadas por María Camila Ribón en el rol de Plástica ponen el tono “cómico”  de la obra. María Alejandra Prieto es una de las musita que destaca entre canciones y bailes. Juanita Vélez es la encargada de poner fin a las malcriadas del bosque interpretando al príncipe Antúan. Y completa la estima del reparto Daniel Santiago Gómez forja su infante Apolo venerado y soberano como dios que es.

Punto y aparte para su director que desde poco más de un año viene haciendo una interesante labor en perenne rebrote de rescatar tradiciones y masificar cultura en los niños y jóvenes. Con un extenso currículo dentro y fuera de Colombia, Las musas de las artes son el inicio de otra línea en su profesión, es el retorno a la fantasía y la ingenuidad en la escena. En pocas palabras la obra es un momento oportuno para volver a ser niños, para sonreír y hasta olvidarnos de los problemas cotidianos. Porque como dijera algún sabio para ejercer influencia en los niños es indispensable formar parte de sus alegrías.

Premio Cacique Sopó a Las musas de las artes, 1er lugar en categoría infantil y premio de actuación femenina al colectivo.
Maikel Betancourt director, junto al colectivo de pequeños actores.
Puesta en escena de Las musas del arte.